Opinión

La evaluación como objeto de consumo

Por Daniel Di Bártolo (*)

Como si se tratara de una mercancía con valor económico en el mercado capitalista, la evaluación de los conocimientos ahora es presentada como un logro en colegios privados “de alta gama o elite” (sic) por parte de ciertos comunicadores que se enrolan en los difusores de la “cultura evaluativa”.

Aplicando aquella sentencia de “no aclares que oscurece”, la evaluación es presentada en el mismo nivel que las clases de equitación, los cursos de inglés o los intercambios internacionales. Se presentan escuelas en cuya marca figura la evaluación como producto de venta.

SADOP y los sindicatos docentes no estamos opuestos a la evaluación, como se sostiene en la saga que publica el diario La Nación sobre el tema. No solamente no es cierto si no que hemos propuesto nuestra propia perspectiva a la que hemos denominado Autoevaluación Institucional y Participativa. El documento fue elaborado en el marco de la negociación colectiva de la docencia argentina.

Más aún, junto con la Facultad de Pedagogía de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) y la Universidad Nacional Pedagógica (UNIPE), en SADOP estamos elaborando una herramienta propia de evaluación integral de los procesos educativos basada en los criterios surgidos de la Ley de Educación Nacional N°26.206 y de los acuerdos de la Paritaria Nacional Docente. Este instrumentos será ampliamente debatido con los todos los sectores de la educación, los alumnos y docentes de los Institutos de Formación Docente, las organizaciones de la sociedad civil dedicadas a la educación y otros actores de la comunidad.

Lamentamos que la evaluación sea tergiversada en su importancia y sentido y sea transformada en un objeto de consumo. También es preocupante que se tercerice en manos de organizaciones que realizan este proceso a un costo monetario perdiendo así su sentido universal y gratuito y, desde ya, acotando sus resultados en forma parcial y sesgada.

La mercantilización de la educación es una amenaza que se cierne en la región a través de organizaciones externas a los colegios, la difusión de propuestas de carreras como ofertas y, ahora, con la instalación de la evaluación como marca comercial.

Lejos de la visión del nuevo ministro de Educación Alejandro Finochiaro, que planteó una fuerte limitación a la discusión con los sindicatos al sostener que “los gremios no tienen porque discutir las políticas educativas”, bregamos para que el sujeto de la construcción de la política pública educativa seamos los trabajadores junto con el resto de la comunidad educativa, así lo defino la ley, así lo creemos los docentes privados de SADOP.

No permitiremos que nos quiten el derecho de debatir la política educativa y, en este orden, sostendremos la evaluación como proceso integral en las antípodas del objeto de consumo que algunos colegios privados de elite instalan y que el gobierno avala.

(*) Secretario de Educación de SADOP.

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